Holganza

JAIME PINEDO Bilbao

Si como decía Óscar Wilde, la mejor manera de evitar una tentación es caer en ella, la mejor manera de prevenir el síndrome postvacacional sería “¡¡Quedarse currando todo el veranito!!” como divertídamente ilustró días atrás nuestro gran Enrique Hormigos en su viñeta de la página 2 de este Diario.

Sin embargo, y sin ánimo de polemizar con Wilde y con Hormigos, llegados a la orilla de este 30 de julio, uno no piensa en absoluto en darse la vuelta para nadar hacia la otra orilla después de haberlo hecho 333 días y 333 noches, a menudo contra viento y marea, para evitar ese síndrome postvacacional que si algo demuestra es que las vacaciones han merecido la pena y han sido plenamente disfrutadas. Porque no se extraña lo que no se quiere, se desea y se goza.

Y es que siempre he desconfiado de quienes tras 22 días de descanso laboral reglamentario y remunerado, se reincorporan a sus puestos de trabajo como si nada hubiera pasado; felices y aliviados por retornar a sus despachos, por conectar sus ordenadores y retomar una rutina que dejaron aparcada, siquiera en aparencia, 30 días atrás. ¿Es eso madurez? ¡Quiá! 

Frente a quienes presumen de disfrutar de su trabajo, de quienes alardean de haber hecho de su profesión un hobby,  de quienes se empeñan en mostrarnos su superioridad  moral también desde el stajanovismo estival, reivindico la holganza como el  estado de necesidad del homo laboris. Todos sabemos que los asalariados de esta especie somos los principales responsables de los males económicos, de la crisis, quienes más nos hemos enriquecido con ella y más nos hemos aprovechado de sus ventajas. Por tanto, disfrutemos de estos 22 días de vacaciones retribuidas y demos rienda suelta a nuestras inclinaciones hedonistas, auténtica lacra que lastra al sistema productivo, antes de que sea demasiado tarde. 

Sin embargo, en España ni se trabajan al año menos horas de la media de los países de la Unión Europea, ni se disfrutan de más días de vacaciones, frente a lo que pudiera pensarse. El problema en España no es, por tanto, de holganza excesiva o de escasez de horas de trabajo sino de falta de productividad. Un estudio de Reuters señala que lo que un español hace en 1.775 horas, un alemán es capaz de hacerlo en 343 horas menos. Y este desfase no se corrige incrementando las horas de trabajo sino invirtiendo en formación y en investigación y desarrollo. Al parecer, en España se trabaja demasiadas horas, lo que tiene consecuencias indeseadas sobre el rendimiento, la conciliación, la industria del ocio o la realización personal de los trabajadores, entre otros aspectos.

Nuestro Gobierno en funciones implantó el pasado mes de mayo el registro horario de los trabajadores y la obligación para las empresas de que lleven un registro horario de las jornadas ha elevado la burocracia en las mismas en los últimos meses, provocando el caos en muchas de ellas. Un gran número de empresas sigue sin saber si cumple bien o no con la legislación y existen muchas dudas de que este tipo de medidas sirva realmente para mejorar la situación de los trabajadores, en un entorno cada vez más digital en el que el teletrabajo o la flexibilidad son más necesarios que nunca. Y el sector logístico lo sabe bien. 

Hoy es 30 de julio. Para muchos, el registro horario se toma también vacaciones. Es tiempo de holganza, es tiempo de holgar. De descanso, quietud y reposo. De placer, contento, diversión y regocijo. Y sin remordimientos.

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